La caída del imperio

por | 8 agosto, 2016

Augusto, que era un hombre práctico, había limitado el avance del imperio romano, por un lado, hasta las orillas de tres grandes ríos Rhin, el Danubio y el Eufra y, de África y Arabia. Pensaba que estas fronteras naturales dificultan la expansión del imperio más allá de ellas pero que, al mismo tiempo, lo ayudaron a repeler a sus enemigos.

A pesar de esto, hacia el siglo IL surge una amenaza creíble a lo largo de varias secciones de la frontera imperial a medida que cierto número de tribus hasta entonces asentadas fuera de las fronteras decidieron pasar a la ofensiva. Para esta época, en particular, la región del Rhin había dejado de estar dividida en las pequeñas tribus descritas por Tácito en su famoso libro.

Estos clanes se unieron para formar grupos más grandes y desde el siglo III en adelante, la guerra en las fronteras persa y germánica fue, salvo por raras interrupciones, un acontecimiento constante. Una combinación de geografía y diplomacia hizo que el grueso de los ataques germanos estuviera dirigido al imperio occidental, mientras que el imperio oriental se vio menos afectado, en especial después de que, desde la década del 240, los ataques de los sasánidas lograran ser contenidos (allí, por ejemplo, el valor del dinero no cayó).

Constantinopla, una fortaleza protegida por el mar, permanece inexpugnable. Esto tendría incalculables consecuencias para la preservación de las ideas en los tiempos oscuros. El gobierno imperial se desplazó primero a Milán, luego a Rávena (que era difícil de atacar por tierra y estaba abierta al mar).

Los visigodos bloquearon Roma en tres ocasiones, y la tercera, en el 410, tomaron la ciudad, la saquearon y se llevaron como rehén a la hermana del emperador, Gala Placidia. A comienzos del siglo v Genserico, rey de los vándalos y los alanos, llegó a Africa, desde España, donde se habían atrincherado, y así nació el primer estado germánico en suelo romano.

En los días de Augusto y Trajano, cuando la ciudad albergaba veintinueve bibliotecas publicas, Roma tenia una población de mas de un millón de habitantes. Durante los sangrientos días de los que estamos hablando, la población se redujo a un mínimo de treinta mil y la ciudad «no tenía fondos para financiar las bibliotecas ni gente que la usara» La alteración del orden existente fue, como afirma Joseph Vogt, «indudablemente tremenda».

A comienzos del siglo el bandolerismo había alcanzado tal punto que en algunas zonas se autorizó a la gente a portar armas para defenderse, siendo las provincias más afectadas las que sufrieron las invasiones germanas. Para entonces, muchos edificios públicos estaban en ruinas, los ciudadanos tenían prohibido cambiar de trabajo y se requerían permisos para ausentarse de las ciudades (la gente siempre estaba intentando marcharse para buscar trabajo en los campos). Desde finales del siglo V desaparecen los registros del senado. Los impuestos aumentaron una y otra vez. Se acuñó una nueva palabra, Romanía, para describir la vida civilizada del mundo romano como algo distinto de la barbarie salvaje.

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